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Durante la última década, el cine de terror tomó un cariz que incluye un simbolismo diverso, una vuelta de tuerca a la mitología y al terror folclórico, pero sobre todo un cuestionamiento existencialista que brinda al género una renovada profundidad. En 2019, algunas de las mejores películas de terror no hablan directamente sobre el miedo –o lo que nos asusta– sino sobre la oscuridad de la mente humana. De modo que, entre orgías sangrientas, cementerios con poderosos misterios, rarísimos juegos de identidad y niños malditos, el miedo como fuente de inspiración cinematográfica alcanzó una original visión sobre lo humano que sorprende por su efectividad.

En esta lista, recopilamos cinco de los mejores títulos del género estrenado hasta la segunda mitad de un año que, sin duda, será especialmente prolífico para el terror. 

Clímax de Gaspar Noé

El director franco-argentino se distingue por sus excesos y Clímax no es la excepción: la película es un catálogo sobre perversiones sexuales, drogas, automutilación con dosis de terror subversivo, que pocas veces llega a las pantallas de cine. 

Con cierto parecido a Suspiria (2018) de Luca Guadagnino, el film medita sobre la naturaleza humana desde los extremos y confronta la idea de lo sexual y el hedonismo con la maldad en estado puro. Noé, aficionado a la controversia y experto en crear atmósferas malsanas para dialogar acerca de todo tipo de emociones turbias, encuentra en Clímax el escenario perfecto para llevar su percepción sobre la violencia y el absurdo a una nueva dimensión. 

La película en realidad no es de terror propiamente dicha. Aun así, su aproximación a lo perverso a través de lo erótico, lo extravagante y lo extremo, la acerca a un tipo de gore que puede resultar por momentos, inquietante e incluso insoportable. 

A medida que Clímax avanza, es evidente que Noé quiere aproximarse a la pérdida del control en medio de una sofisticada mezcla de gritos, depravación y autolesiones. Con sus aires de bacanal, orgía diabólica y frenética sucesión de escenas impactantes, es quizás la película más perturbadora de la temporada, bajo la engañosa apariencia de otro clásico instantáneo y experimental de Noé. 

Pet Sematary de Dennis Widmyer y Kevin Kölsch

En la nueva adaptación de uno de los libros clásicos de Stephen King, dirigida por la dupla Kevin Kölsch y Dennis Widmyer,  la muerte lo es todo. Mientras que en la versión de 1989, Mary Lambert analizó lo sobrenatural desde la misma perspectiva de la novela homónima, la versión estrenada este año se toma salvedades y atajos para profundizar sobre la incertidumbre, el miedo y lo que se esconde en el miedo a morir. 

El resultado es una singular combinación de símbolos acerca del miedo y la incertidumbre, pero también sobre la oscuridad en la mente del hombre. No se trata –como lo fue la versión de Lambert– de una reflexión sobre el luto desde el horror. La nueva Pet Sematary medita sobre los resquicios entre la avaricia, el luto y al final de todo, la culpa que alimenta lo sobrenatural. Todo bajo el aspecto inocente de una historia terrorífica cuyo argumento el público cree conocer.

Los directores utilizan la óptica de Shirley Jackson, Stephen King y Arthur Machen para hablar del miedo: el mal es algo inexplicable y que escapa a los débiles intentos de la religión y cualquier filosofía para explicarlo. Es este horror sin nombre, lo que sostiene a Pet Sematary como un elaborado mapa de ruta hacia las raíces de algo más duro y complejo de comprender sobre la naturaleza humana.

Brightburn de David Yarovesky

La extraña concepción del director David Yarovesky sobre el mito del superhéroe, es en realidad un eficaz recorrido por el horror de lo cotidiano y lo doméstico. Usando la línea mitológica de Superman (en una clara alegoría al bien y el mal moderno), Yarovesky crea una reflexión sobre la naturaleza perversa en estado puro.

Parece una fórmula sencilla, pero en realidad la película recorre caminos muy originales para analizar lo maligno. Brightburn usa los elementos más conocidos de la historia del niño alienígena adoptado por padres humanos, para elaborar una metáfora sobre el amor malogrado por el horror, todo bajo una propuesta realista y rural que aumenta la eficacia del recurso. 

La percepción del misterio se elabora a través de una retorcida concepción de la inocencia como fuente de lo maligno y que termina por convertirse en una amenaza impensable. A medio camino entre una fantasía retorcida y una alegoría sobre lo desconocido, Brightburn funciona a niveles profundos sobre la concepción del miedo y lo que lo produce. Y tal vez, ese es su mayor triunfo.

Us de Jordan Peele

Luego de su triunfo con Get Out (2017), Jordan Peele experimenta en Us con elementos dispares para lograr resultados semejantes a los que logró en su ópera prima. El director (que también repite como guionista), analiza la realidad y la fantasía para acentuar la convicción que el terror se encuentra en lugares inesperados, pero, además, en los más inofensivos. 

Mientras que en Get Out utilizaba el recurso de los cuentos clásicos eslavos sobre posesiones y monstruos capaces de dominar el cuerpo ajeno, en Us recurre al símbolo del doppelgänger o el doble maligno para convertir el conflicto en un extraño nudo de emociones, contradicciones y un ensayo sólido sobre el horror como parte de la psiquis individual. 

Us no toca temas sociales –no al menos de la forma en que lo hizo Get Out– sino que reinventa la mirada sobre la conducta y la esencia de la identidad para englobar lo terrorífico. El monstruo está dentro de nosotros y es más cruel de lo que jamás nadie podría haberlo imaginado.

Greta de Neil Jordan

Con su estilo elegante, Neil Jordan logra en Greta que el terror sea una combinación de situaciones inquietantes, que, por separado, resultan inofensivas. De hecho, el mayor logro del director es lograr una película efectiva con un engañoso aire de argumento trillado. Pero bajo los elementos habituales del thrillerde suspenso, hay una historia tensa y bien construida sobre los terrores de la obsesión. 

Jordan hilvana con cuidado la ambigua historia de una veinteañera inocente que sufre el acoso de una mujer mayor y malvada. Lo hace además, con un reparto de lujo que incluye a Chloë Grace Moretz y a la maravillosa Isabelle Huppert, que con acento francés, se transforma en una presencia tenebrosa que termina por absorber cada aspecto de la vida de su incauta víctima. 

Con un director menos hábil, la película habría perdido el interés luego de la primera media hora, pero Jordan ejecuta un brillante escenario paranoico que se hace cada vez más sofocante hasta un clímax estremecedor. Rupert despliega todo todo su talento para la maldad elegante y son sus escenas, las que hacen de la película una pequeña joya inesperada de un tipo de terror sutil no demasiado frecuente en la pantalla grande. 

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