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El estreno de Chernobyl ha revivido miedos del pasado. Para muchos, resulta una obra maestra, que toma elementos del lenguaje del cine de ciencia ficción y de terror y los incorpora a la documentación de un desastre que arañaba la superficie de la Guerra Fría latente.

En la actualidad, las películas sobre desastres tratan de fallas tectónicas, incendios y el cambio climático, pero durante unas cuantas décadas, el miedo más arraigado en la población mundial fue el de un apocalipsis más que probable: la guerra nuclear. En los 80, mucha de la poblaciçon mundial se hizo especialmente paranoica, más con un Ronald Reagan que no se cortaba a la hora de blandir el puño delante de los rusos. Era la época de los grandes botones rojos listos para lanzar cientos de misiles, cuyas consecuencias eran un misterio desasosegante para la población.

La narración viene de mano de un superviviente

Las únicas representaciones de ficción sobre las consecuencias se podían encontrar en cintas tan atípicas como ‘Hiroshima, mon amour’ (1959) porque, al menos en el mundo occidental, no era común encontrar el manga ‘Pies Descalzos’ (Hadashi no Gen, 1973-1974) de Keiji Nakazawa, una desgarradora novela gráfica autobiográfica que narraba los horrores en los que se vio sumida la ciudad de Hiroshima, sin evadir detalles que hacían que su público shonen no fuera el más adecuado.

El manga narraba la historia de un estudiante de primaria llamado Gen Nakaoka que junto a su madre sobrevive al bombardeo atómico de Hiroshima. La primera adaptación estaba compuesta de tres películas bajo el título de ‘Hadashi no Gen (1976) y no son fáciles de encontrar, aunque su descripción de la caída y efectos de la bomba atómica eran casi ingenuos, a pesar de dibujar bien una catástrofe no era nada comparado a lo que llegaría en 1983.

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El anime ‘Hiroshima’ (Hadashi no Hen, 1983) superaba todo lo que se había hecho relacionado hasta el momento con ficciones de horrores nucleares, porque, a pesar de estar planteada a base de dibujo tradicional no escondía nada de los efectos de la explosión sobre la gente, además, se hicieron contando con una gran herramienta que la diferenciaba de otras como ‘El día después’ (The Day After, 1983): el testimonio real de un superviviente que reunió el coraje para revivir lo que tuvo que ser todo un trauma.

Dibujos animados con impacto educativo

Keiji Nakazawa tenía seis años cuando cayó la bomba, mientras se dirigía a la escuela en el centro de Hiroshima. En un instante, todo a su alrededor cambió. La ciudad fue arrasada puesto que había muy pocos edificios con cimientos de acero y piedra. Se libró por una fracción de segundo, por el efecto de desplazamiento de la onda expansiva y unos escombros que le protegieron. Un milagro. Muchos se vaporizaron instantáneamente o fueron calcinados por la explosión explosiva o la tormenta de fuego posterior.

Los supervivientes podrían morir por los efectos de la radiación en los siguientes minutos, meses o años. Keiji consiguió escapar y se quedó en las afueras de la ciudad cuando se empezó a reconstruir. Se convirtió en un escritor de manga, pero no pudo publicar el primer volumen de su obra más famosa hasta 1973, cuando Japón pudo hablar de Hiroshima y Nagasaki de forma directa, sin metáforas de lagartos radioactivos gigantes de por medio. Hay partes dramatizadas, pero el 70 por ciento de la obra cuenta la realidad.

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La animación es bastante simple pero con los detalles necesarios y, de vez en cuando, una breve voz en off narra los avances de la guerra y el estatus de la bomba que se está preparando. Durante el primer tramo de la película vemos con detalle cómo era la vida en la ciudad en 1945, dejándonos empapar de la inocencia de la población para que, cuando la bomba caiga, el efecto sea más desolador, si cabe. Y cuando lo hace, es difícil estar preparado.

En solo un instante, 80.000 civiles mueren de golpe. Gen sobrevive accidentalmente, y despierta en medio de una auténtica pesadilla. Pero nosotros hemos visto cómo los cuerpos se calcinan con el horroroso proceso de licuefacción de los ojos. Algunos de los heridos que caminan están parcialmente derretidos, la muerte parece una mejor opción. Las imágenes podrían ilustrar una conceptualización del infierno en la Tierra. Los cadáveres están en todas partes y los escombros todavía están en llamas. Todo con horrendos y gráficos dibujos.

La idea de que un montón de niños se encuentren con ese mural de atrocidades puede resultar muy educativo, pero el catálogo de grotesquería que no alcanzamos a comprender, es posible que dejara secuelas. Especialmente en lo emocional, pues cuando Gen descubre lo que le ha sucedido a su familia es triste y arrollador al mismo tiempo. En los días siguientes, mientras Gen lucha por encontrar comida y refugio, la gente sigue muriendo lenta y dolorosamente por los efectos de la radiación.

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Una vez ese imborrable impacto inicial, Gen pasa a través de la oscuridad de los días iniciales tras la bomba, con la perspectiva positiva de un niño de seis años, cuando aún no consideramos que nada sea imposible y el humor en pequeños detalles. Una especie de versión complementaria y opuesta a Empire of the Sun, 1987 de Spielberg. Una nueva adaptación reciente de la televisión japonesa amplia la historia a tres horas, pasando más tiempo con la familia de Gen, pero es mucho más convencional.

La historia de Gen continuó en otra película animada ambientada tres años después. ‘Barefoot Gen 2’ (1986) muestra la lenta recuperación de Hiroshima, con huérfanos vagando por las calles y el mercado negro prosperando. Sería muy similar a otras historias de posguerras si no tuviera personajes que deben de lidiar con los efectos continuos de la radiación con una sección médica que aún carece de las investigaciones o tratamientos necesarios por falta de investigación.

Muertos aún no enterrados, y un aura fantasmal etérea dejan en bandeja el tema del resentimiento de las fuerzas estadounidenses de ocupación. Décadas más tarde, la exposición a la radiación sigue matando a los supervivientes de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki —el propio Keiji Nakazawa estuvo luchando contra el cáncer hasta su muerte en 2012— y aunque hay muchos documentos al respecto ahora, ‘Pies descalzos’ sigue siendo el documento más hermoso, conmovedor y espeluznante sobre lo que se vivió bajo la detonación.

Vía | EspinOf

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