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The Night Comes for Us podría ser una de las mejores películas de acción en lo que va del año

La película tailandesa adquirida por Netflix es un festival de acción desenfrenada que todo aficionado del género debería ver

 

Si el cine japonés lleva décadas siendo la cuna de interesantísimos y retorcidos thrillers, el cine indonesio lleva algo más de un lustro regalándonos algunas de las películas de acción más viscerales y descarnadas de las que hemos podido ver jamás. Y detrás de de dicho auge hay tres figuras, con nombre y apellidos: Gareth Evans, Timo Tjahjanto e Iko Uwais.

El primero, director de dos de los exponentes de esta nueva corriente dentro del clásico género de los mamporros y tiroteos y dos de las mejores películas de acción de la década, The Raid y The Raid 2; el joven realizador británico ha dejado Indonesia atrás The Apostle, su última película también de la mano de Netflix, pero no ha conseguido un producto con tanta personalidad.

Mientras, Timo Tjahjanto se ha sentado tras las cámaras en otras potentísimas cintas de acción como Headshot, Killers o, la que hoy nos ocupa y la más cercana a esa The Raid 3 esperada por muchos, The night come for us. Incluso Evans y Tjahjanto, ambos amantes del terror más visceral, han codirigido el oscuro cortometraje Safe Haven. Iko Uwais, por su parte, podría catalogarse como el Tom Cruise de esta vertiente del cine indonesio y es protagonista en, precisamente, The Raid, The Raid 2, Headshot y The night come for us.

  

 
Así, uno sabe muy bien qué esperar de una película como esta si ha seguido de cerca la trayectoria de director y actor y quizá lo mejor que se pueda decir de la última película comprada por Netflix es que ofrece precisamente eso y no engaña a nadie. The night come for us es cruda, brutal y frenética.

La historia, un trámite resuelto para contextualizar las infinitas escenas de acción descerebrada, nos presenta a Ito, interpretado por Joe Taslim (The Raid, Star Trek: Más allá), un hombre que trabaja para la mafia y que, tras años involucrado en asesinatos y matanzas a sangre fría, dice marcar un punto y aparte en su vida al salvar a una niña de una muerte segura, escapando de su propia banda criminal.

Tras él van decenas, si no cientos, de mafiosos, sicarios y matarifes de mayor o menos estofa, Ito se reúne con antiguos compañeros que le ayudarán en su desesperada y noble misión y, por el camino, se cruza con llamativos y misteriosos personajes con intereses ocultos. Pero, de nuevo, todo está al servicio del espectáculo y de cuajar una película a la altura, en ritmo y ambición, de los exponentes recientes del género.

Y Tjahjanto lo consigue con soltura, dejando films como John Wick, Taken o Equalizer y escenas como la de la iglesia en Kingsman, el pasillo en Oldboy y las escaleras en Daredevil (las tres fantásticas) como un mero juego de niños, algo para todos los públicos, yendo un paso (o dos) más allá en todo momento: hay menos presupuesto, y se nota, pero siempre hay más gente, más sangre, más muertes, más golpes y, en definitiva, más acción por minuto.

Tanto es así que la primera mitad puede ser agotadora, llegando a alternar tres escenas independientes, siguiendo a personajes diferentes, en las que no hay un segundo para el respiro y las muertes más dolorosas y grotescas no dejan de sucederse en pantalla. Será posible que el espectador termine atolondrado ante dicha carnicería preguntándose quién es ese al que acaban de descerrajar un cargador de AK-47 o por qué hace lo que hace esa chica que, a golpe de kukri, ha aniquilado a 15 hombres sin despeinarse.

Para rebajar ese ritmo excesivamente frenético y equilibrar el metraje llega una segunda mitad que, siempre dentro de los parámetros de este estilo de cine, permite respirar algo más a los personajes, intercalando algún que otro flashback y planteando motivaciones y trasfondos sobre los que construir una recta final algo más contenida pero no menos gore o encarnizada. Todo lo contrario, más bien.

Y el mérito de que algo tan excesivo funcione en (casi) todo momento es de su realizador y guionista. Mientras que Headshot terminó resultando una película tan solvente como intrascedente, The night come for us crece en todos los frentes gracias a un Tjahjanto mucho más cómodo y con un estilo más definido: las coreografías sobre las que todo se construye son largas, complejas y fluidas, el pulso de la cámara es firme y dirige al espectador cómo y dónde toca en todo momento y, en definitiva, plasma su visceral y excesiva visión de la mejor forma posible.

Es una pena que, por el ya citado presupuesto o cierta tendencia hacia el exceso, las contadas carencias del film sean más evidentes que en las películas mencionadas al principio del texto: son múltiples las escenas en las que se le ven las costuras técnicas, con prótesis o heridas falsas demasiado evidentes, y también demasiadas ocasiones en las que el espectador debe desconectar el cerebro y aceptar como verosímil que un humano corriente y moliente pueda seguir caminando y peleando con las tripas fuera o con una docena de balas en su cuerpo. Todo ello salteado con el histrionismo tan propio del cine de acción oriental.

Por todo esto, The night come for us no es una película para todo el mundo. Quien espere un guión portentoso, alambiques narrativos o profundidad en el desarrollo de personajes terminará ampliamente decepcionado pero, por otro lado, la obra de Tjahjanto encandilará al fan de la acción, convirtiéndose en un imparable huracán de golpes, machetazos y explosiones con una crudeza que nos hará apartar la mirada de la pantalla en más de una ocasión. Es una película desequilibrada, en el mejor de los sentidos, una de las mejores cinta de acción del 2018 y uno de los mayores aciertos de Netflix en los últimos años.

 

Vía | Hipertextual

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