Reseñas de Peliculas

Revisitando clásicos: The Conversation

Director: Francis Ford Coppola
Guionista: Francis Ford Coppola
Año: 1974

Entre los filmes que intentaron retratar la angustia y la tensión que se vivía en Estados Unidos en la década del ‘70 (causadas principalmente por escándalos y ataques contra las libertades), uno de los más recordados es sin duda The Conversation, película que con los años ha ido ganando una renovada notoriedad entre la crítica. Y no es que en su época no la tuviera; a fin de cuentas, ganó el más prestigioso premio del festival de Cannes. Pero no hay cómo negar que recibió mucho menos cariño que otros filmes de Francis Ford Coppola, como sus películas de The Godfather o Apocalypse Now.

Lo interesante es que mientras la mayoría de filmes de décadas pasadas van perdiendo relevancia con el paso de los años, The Conversation pareciera más relevante ahora de lo que lo fue nunca. Resumiéndolo en pocas palabras la película es un thriller que trata del miedo de las personas a ser vigiladas todo el tiempo y al fin de la privacidad. ¿Les suena una idea contemporánea, o no? Hablemos ahora un poco más detalladamente del filme.

La historia sigue a un experto en vigilancia llamado Harry Caul, interpretado estupendamente por Gene Hackman, que se dedica a espiar y grabar conversaciones bajo encargo. Luego de completar un difícil trabajo que involucraba a una joven pareja caminando en una plaza, Harry comienza a tener dudas respecto a las trágicas consecuencias que tendría para los involucrados el entregar sus resultados; aún más ante el recuerdo constante de una familia asesinada años antes a causa de sus grabaciones.

Aproximadamente la primera mitad de la película consiste en una serie de escenas con situaciones que permiten darle profundidad al personaje de Harry. Vemos de cerca su hogar, su trabajo y el perturbador efecto que ha tenido en su vida: el espiar a otros lo ha convertido en un hombre obsesionado con la privacidad, intentando siempre con determinación paranoica el pasar desapercibido y el mostrar la menor cantidad de información sobre sí mismo.

Harry es extremadamente solitario, meticuloso e incapaz de mostrar sus sentimientos o preocupaciones a nadie que no sea un sacerdote bajo juramento de confidencialidad. Cuando su vecina le entrega un regalo de cumpleaños, Harry le confiesa que lo único de valor que tiene son las llaves de su apartamento, es decir su privacidad, la única seguridad que puede alcanzar en la vida.

La construcción del personaje es impecable en su ejecución, permitiendo ver cada faceta de la vida de Harry, aunque tal vez en exceso prolongada. En varias ocasiones me sentí como en una montaña rusa que sube lentamente antes de bajar a toda velocidad, sólo que en esta película parecía que nunca iba a terminar de subir. En pocas palabras, la trama tardó demasiado en arrancar.

Pero una vez que todas las piezas quedan ubicadas en el tablero, el misterio se acrecienta. Cuando Harry le presta mayor atención a las grabaciones de su último encargo nota algo extraño. La conversación, que en primera instancia se oía tan aburrida e irrelevante, poco a poco toma otra interpretación que va mutando a medida que la ansiedad de Harry crece. Pronto el descubrir la verdad sobre el asesinato que aparentemente se aproxima se vuelve una obsesión que disloca la poca tranquilidad que quedaba en su vida.

Una escena en que se recuesta previo a tener sexo y en que deja la conversación reproduciéndose en el fondo es particularmente brillante, difuminando el momento en que el sonido de la conversación deja de salir de la grabación y pasa a brotar como canto fúnebre desde su interior. ¿Pero hasta qué punto sus temores son infundados? ¿Realmente lo persiguen y está en peligro o ha magnificado las cosas por su afán de comprender y su tendencia obsesiva? He ahí la duda para él.

El clímax de la historia, que lleva a Harry a investigar una habitación de hotel e intentar entender el verdadero precio de sus actos, es con certeza la mejor parte del filme. La paranoia que ha venido carcomiendo a Harry finalmente queda cara a cara con la realidad, y el encuentro es tan tenso como traumático. Y con esto no quiero decir que fue muy sangriento o en exceso violento, sino que todo el desarrollo que se le ha dado al personaje da sus frutos y nos permite meternos de lleno y experimentar su estado mental de una forma macabramente efectiva.

El plotwist referente al clímax es ciertamente inesperado, aunque no estoy tan seguro si podría calificarlo como satisfactorio, al menos no del todo. Sea como sea considero mejor no revelar nada respecto al mismo, para que lo juzguen por su cuenta.

Otros puntos notables del filme son la banda sonora y la mezcla de sonido, que le da un carácter robótico y enfermizo a las voces en la grabación a medida que son descifradas. El estilo artístico de la película es marcadamente claustrofóbico y reproduce la temática de otros filmes de la época en que la tecnología se muestra como tenebrosa y confusa. Otra actuación que vale la pena mencionar es la de Allen Garfield, que interpreta a un competidor de Harry atormentado por los logros de su rival.

La escena final es particularmente notoria y representa el único desenlace lógico que su obsesión le podía traer, por lo que apuesto que les gustará tanto como a mí. Si aún no ven el filme, queda recomendado.

Veredicto: The Conversation nos muestra el interior de una mente paranoica en medio de un thriller que tarda en desarrollarse, pero cuyo producto final cumple las expectativas.

7/10


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