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Reseña de The Big Short

“La verdad es como la poesía. Y la mayoría de personas detesta la poesía”, ésta podría ser la frase perfecta para describir el conflicto principal en The Big Short, filme dirigido por Adam McKay sobre el colapso del sistema financiero estadounidense en la década pasada. Con un elenco de primer nivel, este curioso filme ha tomado poco a poco el puesto como favorito para llevarse el Oscar a mejor película de este año. La pregunta del momento es, ¿realmente se lo merece? Juzguen ustedes mismos:

El filme sigue la historia de un grupo de personas que lograron darse cuenta años antes del colapso económico que tendría lugar en Estados Unidos y buscaron formas de lucrarse con ello. El primero en descubrir lo que ocurriría fue Michael Burry (Christian Bale), el excéntrico manager de una inversora de California que pronto viaja a Wall Street para invertir dinero en base a su hallazgo. Por azares de la vida, un empleado de un banco llamado Jared Vennett (Ryan Gosling) se entera del descubrimiento de Burry y hace un trato para lucrarse con la información junto a Mark Baum (Steve Carrell), un manager de inversiones desencantado del sistema. Dos pequeños empresarios también se enteran del secreto y, con la ayuda del ex-banquero “arrepentido” Ben Rickert (Brad Pitt), deciden participar para buscar fortuna, todo a medida que descubren la gravedad de la corrupción, irresponsabilidad y quemeimportismo del sistema bancario.

El escuchar a simples rasgos la trama podría dar la impresión de que la cinta es una especie de thriller o drama recontando los pormenores de un grupo de economistas luchando contra un sistema corrupto, sin embargo, éste no es ese tipo de filme. Es verdad que la película muestra toda esa travesía, pero lo extraño del caso es que si tuviéramos que clasificarla dentro de un género, la respuesta sería comedia. Y sé lo que muchos quizás estén pensando: “¿Cómo se puede hacer una comedia en la que el 80% del tiempo los personajes pasan hablando en jerga económica casi indescifrable?” Pues ésa es tal vez una de las características más interesantes del filme, la forma en que logra dar a conocer conceptos económicos con nombres que parecieran salidos de una máquina generadora de frases imposibles de repetir (cosa que, como la película pronto nos revela, no es una coincidencia: después de todo, resulta casi imposible quejarte de algo si crees que es demasiado complejo como para entender cómo funciona).

McKay parece haberse puesto como meta el que saliéramos de la película entendiendo a la perfección lo que realmente pasó, y su herramienta para lograrlo es justamente el humor. No importa si para hacernos entender tiene que arrojarnos personajes hablando directamente a la cámara, mujeres explicando conceptos mientras se sumergen sensualmente en un jacuzzi o un cameo de Selena Gómez jugando cartas en un casino. Por muy extraño que parezca, estas cortas escenas, que parecieran haber salido directo de un programa de sketches, resultaron las más graciosas e informativas de la película, por lo que sólo terminé lamentando que no hubieran más.

Entonces sí, The Big Short es un completo éxito a la hora de contar su importante historia y ser graciosa al mismo tiempo. Aunque para ser justos, la verdad es que sí resulta un poco gracioso (aunque desde un punto de visto algo cruel) el hecho de que la mayor economía del mundo colapsara bajo el peso del trasero de su propia avaricia ante los ojos de todos sin que nadie, excepto los protagonistas de esta historia, lo pudiera prever.

Steve Carrell in The Big Short
Cada una de las bromas y explicaciones, empero, sólo podían lograr el efecto esperado con un elenco que pudiera darle credibilidad a la trama, y debo decir que The Big Short es un logro en ese aspecto. De entre todas las actuaciones sobresalientes, quien se robó la película fue sin duda Steve Carrell. Es verdad que Burry tenía una personalidad mucho más peculiar que la de Baum, pero Carrell convirtió cada momento importante de su historia en un vehículo que permitió transmitir la frustración y, en algunos casos, el dolor de su personaje mucho mejor de lo que Bale pudo hacer con el aparente autismo y falta de adaptación social del suyo. Ryan Gosling y Brad Pitt no tuvieron suficiente material como para lucirse, aunque al menos su presencia elevó el perfil del filme.

A pesar de que la cinematografía no fue notoria, la edición de la película fue bastante buena. Los saltos que ocurrían entre las historias eran del todo adecuados y permitían hacer énfasis a los diferentes puntos tratados. Una escena cerca del final en que Baum debía tomar una decisión de suma importancia luego de entender el verdadero impacto que la crisis tendría fue particularmente excelente gracias a la edición, pues la trama comenzó a cambiar a otros actores para por momentos regresar a Baum aún meditando, lo que permitió apreciar el peso que tenía sobre él la gravedad de la situación.

Y es que el último acto de la película pronto dejó de lado las bromas y los momentos absurdos para mostrar la verdadera gravedad de la crisis. Tan útil como el humor para poder entender los conceptos económicos relevantes fueron los sucesos del final de la película para causar indignación sobre lo injusta que fue una situación cuyos culpables no recibieron ningún castigo y cuyos únicos perjudicados resultaron ser los que fueron engañados en primer lugar.

Pero la reflexión de la película va más allá e incluso nos hace preguntarnos si realmente se supone que deberíamos estar del lado de los protagonistas de la historia. A fin de cuentas, ellos querían ser millonarios, pero sólo lo lograron en base al colapso total de la economía y la pérdida de millones de empleos y hogares. “¿Sabes qué odio de los bancos? Que reducen a las personas a números – cada vez que el desempleo sube tan sólo un 1%, 40.000 personas mueren, ¿lo sabías?”, dice Rickert en una escena del filme. Yo no lo sabía. Y ése es también el momento en que la película da paso a su más grande revelación: que cada uno de los que lo perdieron todo no eran sólo simples extras en el filme cuyos nombres nunca supimos, sino personas reales.

Veredicto: The Big Short utiliza efectivamente humor, buenas actuaciones e ingeniosa edición para contar una de las más trágicas historias de nuestra época asegurándose de que cualquiera pueda entenderla.

7.5/10


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