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Reseña: The Hunger Games: Mockingjay – Part 2

Luego de tres películas y más de mil millones de dólares en la taquilla, la saga de The Hunger Games llega finalmente a su fin. La pregunta que muchos se han de estar haciendo es seguramente si la segunda parte de Monckingjay es un final digno de tan memorable franquicia. La respuesta es sí. No estoy seguro si la coronaría como la mejor película de las cuatro, pues también tiene varios problemas frustrantes, pero al menos puedo asegurar que cuenta con algunas de las escenas más memorables de la saga.

La trama de la película continúa la revolución iniciada por Katniss (Jennifer Lawrence) contra el gobierno fascista del presidente Snow (Donald Sutherland). Siguiendo los sucesos justo después del final del filme anterior, Katniss se ve acorralada entre su misión de derrocar a Snow y el descrubrimiento de que la rebelión que apoya podría representar los mismos ideales corruptos que intenta vencer.

Como muchos han hecho notar, el punto que más eleva a The Hunger Games sobre la manada de franquicias de su tipo es la calidad de su elenco. Jennifer Lawrence es una actriz tan sobresaliente, que incluso si The Hunger Games pierde con los años el encanto de su historia y su crítica social, seguirá siendo revisitada por ella. En Mockingay – Parte 2, Katniss completa su ciclo de madurez emocional al ver la responsabilidad puesta sobre sus hombres imponerse sobre las motivaciones que la impulsaron a participar en los juegos del hambre en primer lugar. Lawrence transmite las emociones de la joven de manera magistral, demostrando una vez más que muy probablemente ella fue la razón por la que la franquicia se hizo tan popular en primer lugar.

Julianne Moore, en el papel de la presidenta Alma Coin, se robó por completo cada escena en que apareció. Con esto no quiero decir que Donald Sutherland no haya hecho un excelente papel como villano, pues Snow siguió siendo tan amenazante como en las entregas anteriores. Pero Coin alcanzó un nivel difícil de superar al revelarse poco a poco como la verdadera antagonista detrás de varios eventos de la película. Moore le dio el glamur y fuerza de presencia que el papel requería, y la vestimenta que la acompañaba realzaba aún más estas características.

 

 

Alguien del que lamentablemente no pudimos disponer lo suficiente fue de Plutarch, interpretado por el fallecido Phillip Seymour Hoffman. El pobre contó con un puñado de escenas que hicieron que el último adiós del legendario actor pasara casi desapercibido. Su ausencia en un par de escenas claves al final de la película hicieron obvio el hecho de que la muerte del actor le impidió aparecer en momentos que tal vez lo habrían hecho destacar más.

Los amantes de la acción saldrán de la sala cargados de momentos emocionantes donde la tensión fue creada de manera legítima. Una secuencia que tiene lugar en las alcantarillas del Capitolio fue particularmente notoria en este aspecto. Constantes explosiones y las maquiavélicas trampas tan comunes en entregas anteriores cubren gran parte de la sección intermedia de la película, así que considérense afortunados si buscan escenas de ese tipo.

Del lado de los puntos negativos, hubieron algunos pequeños y otros más serios. En los primeros tenemos por ejemplo a la banda sonora, que fue imperdonablemente aburrida y genérica, o las molestas interacciones de Peeta en momentos absurdos. En cuanto a los más desastrosos, el más grande de los errores fue quizás lo ridículamente innecesarios que se sintieron varios momentos de la primera mitad de la película.

Desde que salió el filme pasado fue obvio que dividir a Mockingjay en dos fue un terrible error cuyo sólo objetivo era sacarle más jugo a la franquicia. Lamentablemente, esta película lo hace más evidente. Varias escenas se sintieron tan irrelevantes y tuvieron un aire tan grande de filler que no lograron provocar en mí más que fastidio. Lo peor es que ni siquieran lograron darle más profundidad a los personajes, cosa que el filme anterior en algunos casos logró. Era básicamente: “Katniss se rebela contra las órdenes de Coin, va a una aventura arriesgada, se da cuenta que la guerra tiene dos caras, todo vuelve a la normalidad”; teatrito que ya habíamos visto varias veces en la primera parte.

Otro problema fue el estúpido triángulo amoroso entre Katniss, Peeta y Gale, el mismo que se sintió espantosamente forzado y fuera de lugar cada vez que era referenciado. Ver a Gale actuar tan irracional al discutir con Peeta sobre la “competencia” entre ambos por el corazón de Katniss en medio de una revolución en que se jugaba el futuro de la sociedad, fue un triste recordatorio de que esta saga fue escrita para un público adolescente interesado más en las cosquillas que les hace sentir el exceso de hormonas que en las implicaciones políticas de la trama del filme. Momentos como esos son los que te hacen recordar que, si bien The Hunger Games no es Twilight, no llega a nivel de Harry Potter.

 

 

Pero si bien estos errores plagaron la primera mitad de la película, el último acto lo compensó por completo. Desde el momento en que Katniss y Gale se separaron de los sobrevivientes de su equipo, el filme se convirtió en un tsunami de tensión y giros inesperados que no se detuvieron hasta que llegó el epílogo. Pocas veces una película de este tipo logra tenerme tan ensimismado durante tanto tiempo, pero les aseguro que fue por una buena razón. Lo más sorprendente fue la cantidad de momentos sombríos presentados en el clímax. Desde niños llorando junto a los cadáveres de sus padres, civiles siendo asesinados de forma indiscrimada y personas desesperadas intentando salvar a sus seres queridos, hubieron muchos momentos oscuros que le dieron un tono desalentador a la historia. La solución de la presidenta Coin ante la sed de venganza de muchos de los ciudadanos de los diferentes distritos es particularmente malévola.

Mi escena favorita, empero, fue la “confrontación final” entre Katniss y Snow. No quiero espoilar nada de este momento por obvias razones, sólo les diré que es probablemente el momento que más recuerde cada vez que piense en esta saga. Y no es que el plottwist de la escena haya sido inesperado. Desde el segundo en que inició sabía bien qué ocurriría, pero aún así estuve al borde de mi asiento, esperando a que llegue el momento. Julianne Moore fue fantástica en esta escena, dando al mismo tiempo un aire majestuoso y corrompido que ayudaron a asentar en mi mente su imagen como una de las mejores villanas de la historia reciente del cine.

El epílogo me pareció un tanto desentonante con el mitos que la franquicia había construido alrededor del personaje de Katniss. Una vez en casa investigué un poco más al respecto y descrubrí que lo mismo sintieron muchos de los lectores cuando salió a la venta el libro. No llegaré al punto de decir que fue un mal final, aunque indudablemente se podría haber dado una conclusión que fuera más acorde al espíritu de la historia que por tantos años hemos seguido. Pero sea como sea, fue un placer haber seguido la historia de Katniss. De seguro se alzará alto en el panteón de heroínas por muchos años en el futuro.

Veredicto: Mockingjay – Parte 2 representa un satisfactorio e intrigante final para la saga de The Hunger Games, a pesar de contar con varios problemas notorios.

7.5/10


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