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Reseña: San Andreas (Terremoto)

La gran mayoría de películas realizadas año tras año no son hechas con fines artísticos, sino netamente comerciales. Como todo producto, existe demanda para diversos tipos de películas. Algunos filmes son realizados para el público infantil, otras para las personas que gustan de las historias románticas, o tal vez de ciencia ficción, y así existen muchas categorías más. San Andreas, el más reciente filme de Brad Peyton (quien en 2012 nos trajo la inolvidablemente espantosa Journey 2: The Mysterious Island), parece tener bien claro cuál es su target.

La historia transcurre en medio de un mega terremoto que irrumpe en la costa oeste de Estados Unidos. A lo largo de la película seguimos a Ray (Dwayne Johnson), un rescatista que va en busca de su ex esposa Emma (Carla Gugino) y su hija Blake (Alexandra Daddario), la misma que queda atrapada en San Francisco junto a un chico llamado Ben (Hugo Johnstone-Burt) y su hermano menor.

Para empezar, si algo es digno de alabar de San Andreas son los efectos visuales. Cada uno de los terremotos mostrados retrató la devastación de una manera alucinante y visualmente realista. Y en esta película los desastres se suceden uno tras otro, así que no hay que esperar mucho antes de volver a caer en medio del espectáculo. El ambiente de destrucción que retratan los distintos sets también fue muy bien trabajado, dando una imagen de paisaje apocalíptico bastante atractivo a la vista, particularmente en la última parte del filme, cuando la ciudad queda inundada.

La trama, en cambio, fue derivativa y en varios momentos absurda. A estas alturas muchos nos sabemos tan bien la “fórmula” de este tipo de películas, que resulta imposible sentirse conectados con los personajes o sus historias. Algo que noté bastante y que también fue remarcado en un artículo publicado hace unos días en Slate, es la mórbida fijación que este género de películas tiene con parejas separadas o al borde del divorcio. Ya pasó con 2012, Twister, The Day After Tomorrow y otras más. A estas alturas es un cliché tan repetitivo que seguirlo incluyendo resulta desvergonzado por parte de los guionistas.

 

 

Las actuaciones son tal y como uno se esperaría de una película de este tipo, lo cual se traduce en “como mucho regulares”. Carla Gugino dio una interpretación poco inspirada que llegó a ser molesta en algunas instancias, mientras en otras resultó un tanto ridícula. Hay que culpar también al guión por esto, que en varias de sus líneas mostró lo poco que le interesaba la coherencia de la historia con tal de generar risas. El punto culminante de esta farsa sin duda tuvo lugar cuando Gugino le dijo a La Roca (lo siento, pero lo llamaré así): “¿Qué haremos ahora?”, a lo que él le respondió en medio de un tenso momento amplificado por la banda sonora: “¡Salvar a nuestra hija!”. Fue un momento tan ridículo y over the top que no sabía si quejarme o sólo ocultar mi rostro espantado tras mis brazos.

Otros personajes también sufrieron el cruel destino de ser utilizados como payasos en tiempos dramáticos, sobretodo el hermano menor de Ben. A lo largo de la película quedó claro que su único rol era decir frases graciosas en las que demostrara su conocimiento semi-obsesivo de la ciudad o en las que humillara a su hermano mayor. Era como si los guionistas dijeran: “Vean a este niño pequeño. ¿Ven lo que dice? Está haciendo quedar mal a Ben con frases inteligentes. Es comiquísimo, ¿verdad? ¡Rían, rían, rían!”. Es una pena, pero cuando un personaje es tan manufacturado, cada vez que habla sólo logro imaginar a un montón de guionistas a los que no les pagan lo suficiente.

Pero ahora toca hablar de la estrella de la película, Dwayne Johnson “La Roca”. Seré bastante sincero aquí: si la actuación del hombre fuera al menos la décima parte de versátil que el tamaño de sus músculos, tal vez esta película habría tenido esperanzas de ser algo buena. Pero supongo que interpretar cualquier papel que no sea el mismo que uno ya ha hecho en cada película imaginable habría requerido algo de talento. A estas alturas ni siquiera vale la pena mencionar qué papel interpreta La Roca, es mucho mejor describir simplemente la situación en que se ve envuelto; por ejemplo: “La Roca se convierte en Hércules”, “La Roca sobrevive un terremoto”, “La Roca es transformado en el hada de los dientes”, “La Roca recibe un montón de dinero por aparecer en La Momia”, etc.

En otras palabras, La Roca fue el semi-dios súper poderoso que interpreta en todas las películas en las que participa. Desde el principio del filme quedó bastante claro que no habría la más mínima pizca de realismo en su personaje, pues nos lo presentan como un power ranger sin traje del que cada personaje que se cruza en su camino depende, ya sea su esposa, su hija, o incluso el resto de rescatistas con los que trabaja. Pero claro, para la película es una persona perfectamente normal, sólo que con “fuerza inconmensurable, valentía inquebrantable y abdominales fotografiables“. Son las cosas con miras a sorprender al público que no caben en una película racional.

Pero volviendo a la trama de la película, y aprovechando que hago referencia a decisiones con la única intención de sorprender al público, creo que nadie puede negar el absurdo al que llegó San Andreas para cumplir con ese propósito. Pareciera que un grupo de personas se sentó en una mesa redonda y comenzaron a discutir qué clase de hazañas la gente consideraría impresionantes, terminando con: viajar en un helicóptero, pilotear un avión, saltar en un paracaídas, practicar surfeo a bordo de un yate, entre otras. Luego, al parecer, les dio mucha pereza elegir entre las ideas y se dijeron: “¡Al diablo, pongámoslas todas! Igual a la gente no le interesa el poco sentido que esto tenga con tal de ver cosas asombrosas”. Así que eso fue lo que pasó. O al menos es lo que me siento inclinado a creer, pues la verdad me es imposible creer que alguien haya escrito ese guión sin darse cuenta lo absurdo y poco verosímil que resultaba todo lo que termina haciendo La Roca a lo largo del filme. Lo mismo ocurre con el desastre en sí. Primero es un terremoto, luego son dos terremotos, y al final, por si alguien en el público no quedó suficientemente sorprendido, de yapa un tsunami.

 

 

Como ya he dicho, hay películas para cada tipo target y ésta pareció querer apuntar con mórbida exclusividad a los obsesionados con efectos especiales y deportes extremos. Pero si en medio del bombardeo de efectos ponen una trama, y esa trama resulta ser mala, lamentablemente debe ser criticada. Y estoy seguro que incluso las personas que consideren esta película como buena saben bien que la historia (me refiero a la relación y el desarrollo de los personajes a través del desastre) fue aburrida y poco realista.

Todo esto me hace pensar que si nadie aprecia estos filmes por su historia, ¿entonces por qué incluirla en primer lugar? ¿Por qué este tipo de películas continúa la farsa de mostrarse como un filme con profundidad emocional y personajes entrañables cuando todos sabemos que no lo son?

He aquí una loca y revolucionaria idea: ¿por qué no hacer una película de desastre formada por un conjunto de viñetas que sigan a varias personas a través de las distintas etapas de un cataclismo. De esta forma podríamos presenciar la destrucción en distintos lugares de la ciudad sin necesidad de teletransportar al mismo grupo de personajes de un lado al otro. La mayoría de las viñetas podrían terminar con la muerte de los protagonistas de la misma. Esto les daría un toque realista y nos permitiría entender como audiencia la magnitud psicológica de la catástrofe. La verdad me suena como una película de desastre mucho mejor que el pomposo arquetipo de reciclaje que representa San Andreas.

A fin de cuentas, creo que el legado y la impresión que nos deja la película es la mejor manera de definir si fue buena o mala. Con una historia tan parecida al resto de películas de su tipo, no será muy recordada por ese lado. Y los efectos especiales, aunque son bastante buenos, serán replicados (y probablemente mejorados) incontables veces en los próximos años. Cabe recalcar que la película estaba llena de plotholes y de discursos con tintes pseudocientíficos bastante bizarros, aunque lamentablemente la extensión de esta reseña me impide continuar hablando de ello. En todo caso, lo siento San Andreas, pero te olvidé incluso antes de haberte empezado a recordar.

Veredicto: San Andreas tiene suficientes efectos especiales como para sorprender a cualquiera, por lo que resulta lastimoso que bajo el espectáculo visual sólo haya una cáscara derivativa y hueca.

5/10


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