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Reseña: The Babadook

Tomando en cuenta que estamos en una época en que las películas de terror son sinónimo de “películas hechas sin ningún esfuerzo con el solo objetivo de ganar un montón de dinero y cuyo único método para asustar son los jump-scares”, es revitalizador ver filmes de terror con directores que realmente intentan hacer algo bueno. En el 2013 tuvimos a Willow Creek, una película que, a pesar de ser en gran parte un rehash de The Blair Witch Project, logró manejar el suspenso de su trama de manera excelente. Ahora, en cambio, tenemos a The Babadook.

Esta peculiar película, la primera de la directora y guionista Jennifer Kent, narra la historia de Amelia (Essie Davis), una madre soltera con un hijo con problemas de conducta, Samuel. Amelia ha sufrido de insomnio y de intenso estrés desde el fallecimiento de su esposo, quien murió en un accidente automovilístico seis años atrás, la noche en que Amelia dio luz a Samuel.

 

 

Los problemas de Amelia empeoran cuando Samuel empieza a tener perturbadores sueños sobre un monstruo que planea matarlos, los mismos que se ven intensificados luego de leer un macabro libro infantil titulado Mister Babadook. A pesar de que Amelia intenta quitar las extrañas ideas de la mente de su hijo, pronto ella misma comienza a experimentar raros sucesos que amenazan con destruir poco a poco lo que queda de su estabilidad mental.

Lo primero que hay que recalcar de The Babadook es la forma en que intenta asustar. Kent parece ser una fanática de las películas de terror clásicas, en que la principal forma de aterrorizar a la audiencia era a través de un ambiente tétrico que destilaba suspenso y temor. En The Babadook no existe el concepto de jump-scares, los sustos nacen de la opresión de la atmósfera que crea la película. Cada toma de la casa de Amelia intenta incomodar más al espectador, pronto dando la impresión de convertirse en una prisión en que la protagonista está atrapada a merced de sus más terribles pesadillas.

 

A pesar de que el Babadook es un monstruo en el sentido literal de la palabra, el sentido que le da la película es mucho más profundo y metafórico. El monstruo actúa como la representación de todo el trauma que ha sufrido Amelia durante años a raíz de la muerte de su esposo, por la que culpa en su subconsiente a Samuel. Ése es el monstruo que le quita el sueño y la hace imaginar formas de dañar a su hijo. Esto explica así mismo el final del filme, pues aunque Amelia logra superar sus demonios internos, ellos nunca desaparecen: sólo los logra controlar; lo que se ve exteriorizado en la celebración del cumpleaños de Samuel, ya que es sólo cuando consigue superar sus problemas que decide empezar a celebrar los cumpleaños en la fecha correcta, que en años anteriores había adelantado ante el recuerdo de su esposo.

 

 

Uno de los puntos que quizás demuestra de mejor manera el esfuerzo puesto en esta película son las actuaciones de los personajes principales. Davis da una interpretación espléndida como Amelia, logrando transmitir una marcada desesperación en su rostro que sorprende y aterroriza a la vez. Y esto se mantiene en cada escena de la película. No existió literalmente un solo momento en que Davis no nos lograra meter por completo en el estado emocional del personaje gracias a su actuación.

Del otro lado tuvimos tuvimos a Samuel, interpretado por Noah Wiseman, quien a sus 7 años dio la mejor actuación que he visto en un niño en lo que va del año. Y esto es decir mucho, pues encontrar a un niño que actúe bien es tan raro como celebrar navidad en agosto. No digo que su actuación haya sido perfecta, pues no lo era (en especial en las escenas en que debía verse asustado), pero el niño logró exteriorizar de tan buena manera la fasceta de niño problema que resultaba extremadamente difícil no entender el continuo estrés que experimentaba Amelia.

Pero ahora viene la parte difícil. Es verdad que The Babadook intenta asustarnos de forma inteligente, nadie duda eso, el inconveniente radica en que casi nunca lo logra. El ambiente es incómodo y opresor, pero a la hora de la hora eso no basta. El monstruo en particular no era nada aterrador. Lo que más me molestó, empero, eran los sonidos que emitía. Apuesto a que no existe un sonido más reciclado para un monstruo en la historia del cine. Cada vez que ocurría prefería taparme los oídos antes de sentir cómo se desbarataba todo lo que había apreciado hasta ese momento en la película.

Sé que cada persona se asusta con cosas diferentes, así que tomando en cuenta eso, la pregunta que nos deberíamos hacer es: si dejamos a un lado los sustos, ¿qué nos puede ofrecer el filme? En el caso de The Babadook la respuesta sería un par de buenas actuaciones y una atmósfera tétrica creada de forma satisfactoria con aires de hommage a los clásicos del cine de terror. No es que no sea nada, el problema es que tal vez no sea lo suficiente.

Aún así, siendo éste a penas el primer filme de Kent, no hay cómo negar que hizo un buen trabajo. Personalmente estaré pendiente a su carrera. En resumidas cuentas, al menos para todo fan de películas de terror, The Babadook queda recomendada; el resto tal vez deba pensárselo dos veces.

Veredicto: The Babadook intenta asustar de forma inteligente, que lo logre o no es otra cuestión. Kudos a Jennifer Kent por crear una atmósfera sombría y opresora no vista desde hace mucho en filmes de terror.

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