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Reseña: Big Eyes

Pareciera imposible negar que éstos han sido años difíciles para Tim Burton, pues el otrora aclamado director de clásicos como Beetlejuice o Edward Scissorhands ha caído en una pequeña racha de filmes poco relevantes que se ve confirmada por Big Eyes, su última película. En lo personal es un fuerte golpe, ya que, aquí entre nos, Burton fue mi director favorito durante gran parte de mi adolescencia.

El debacle empezó con Alice in Wonderland y se acentuó con Dark Shadows, un filme innegablemente malo en que Burton intentó fallidamente seducirnos con su tan característico estilo pero que dio un aire tan manufacturado y poco natural que provocó verguenza ajena antes que cualquier otra emoción. Burton también produjo Abraham Lincoln: Vampire Hunter, película que ni vale la pena mencionar, y dirigió Frankenweenie, su único buen filme de esta época.

Pero volviendo a Big Eyes, el hecho de que el guión fuera escrito por Scott Alexander y Larry Karaszewski, los mismos guionistas de Ed Wood, una de las mejores películas de Burton, era suficiente para subir las expectativas de cualquiera. Lamentablemente, el producto final pareció carecer de enfoque, intentando convertir una historia con gran potencial dramático en una extraña farsa cómica en que Amy Adams parecía no encajar por más que lo intentaba.

La película se centra en la historia real de Margaret Keane (interpretada por Adams), una talentosa pintora cuyo esposo Michael (interpretado por Christopher Waltz) roba el crédito por sus pinturas de melancólicos niños con grandes ojos y construye un lucrativo negocio en base a la venta de los cuadros de Margaret, que alcanzaron una popularidad impresionante en la década de los ’60. A lo largo de la trama vemos varios momentos claves en la vida de Margaret, desde su separación de su primer esposo, hasta el momento en que conoce a Michael, su matrimonio con él y su lenta realización de que se casó con un estafador abusivo.

Como había mencionado, uno de los principales problemas de la película es el tono. La historia pareciera querer apuntar a un drama a través del infierno y las cadenas emocionales que debió haber experimentado Margaret en los años posteriores de su matrimonio. Sin embargo, aunque todo esto es mostrado en la película, cada escena dramática se ve precedida por una escena cómica imposible de tomar en serio en que vemos el talento de Michael para ser ridículo. Esto crea problemas fundamentales con la seriedad del tema tratado y la caracterización del personaje.

Como el mismo Michael dijo en el juicio del clímax de la película, la descripción del personaje pareciera apuntar a dos personas diametralmente distintas: de un lado el payaso carismático y del otro el malvado manipulador. Y aunque probablemente el verdadero Michael haya encompasado ambos mundos, en la película se siente falso. No podemos ver a Michael como el monstruo que era porque la película nos ha acostumbrado a reírnos de él cada vez que aparece en la pantalla. Ni siquiera cuando intenta quemar la casa con Margaret y su hija adentro se siente como un momento serio, pareciera ser tan sólo una farsa más del guión. El juicio también lo ejemplariza, un momento que debió verse como el final dramático del viacrucis de Margaret fue el momento más gracioso de la película (casi rayando en lo ridículo).

 

AMY ADAMS stars in BIG EYES

 

Adams hace un buen papel, aunque deja deseando más. La actriz le da al personaje el toque de ingenuidad y frescura perfecto para retratar creíblemente su caída en manos de Michael. A lo largo del filme sigue demostrando su habilidad, su interpretación da vida a la debilidad y decepción de Margaret de muy buena forma. Pero en los momentos de realización personal es que su actuación no es tan fuerte. Puede ser que ésta fuera una decisión del director, pero en lo personal me hayé algo confundido al ver a Margaret tan pasiva incluso cuando el guión parecía gritar que ése era el momento en que debía salir de su capullo y expresar el dolor y la desesperación que en el fondo sentía. Simplemente esperé más.

Respecto al resto de las actuaciones, la de Waltz fue buena, aunque a veces parecía demasiado exagerada. Tal vez Burton se le acercó y le dijo “tú eres el Johnny Depp de esta película”, o algo así. Algo que leí reiteradamente es que se supone que Michael Keane era estadounidense, lo que dejaría muchas preguntas sobre porqué Waltz lo interpretaba con acento alemán. La hija de Margaret en cambio actuó espantosamente, sobretodo la actriz adolescente.

Por otro lado, algo que realmente odié fue la banda sonora. Siempre parecía estar fuera de lugar y no encajar con el tono de las escenas en que aparecía. En pocas palabras: distraía demasiado y no de la buena manera. El tema principal del filme, interpretado por Lana del Rey, tampoco fue nada digno de recordar ni ayudó a profundizar el momento de la historia en que fue incluído.

Pero dejando lo negativo atrás, si hay algo digno de ser mencionado de la película es su mensaje. La película retrata la frustración y la injusticia que muchas mujeres deben pasar al hallarse en ámbitos considerados tradicionalmente como masculinos. “Las personas no toman a las mujeres artistas en serio”, dice con tristeza Margaret, y todos podemos sentir filtrarse a través de esas palabras las aspiraciones de millones de mujeres que no hicieron sus sueños realidad por culpa de esos prejuicios. En el caso de Margaret, la historia tuvo un final final, pero es por todos los finales infelices que es necesario seguir discutiendo estos temas.

Aparte, la película es una excelente manera de conocer más sobre el arte de Margaret Keane. En lo personal, nunca había visto sus pinturas. Muchas de ellas me dejaron gratamente sorprendido. La intensa emoción que muchos de los niños muestran en sus ojos es hermosa. Hubiera sido bueno que el filme se centrara un poco más en el proceso creativo de Margaret o la inspiración tras sus pinturas. Apuesto que Burton, coleccionista de pinturas de Keane, podía haber contado más al respecto. Es una lástima que tan buen material haya terminado recibiendo tan simplona adaptación.

Veredicto: Big Eyes no es una mala película y no se puede negar lo importante de las reflexiones que trae, pero es tan poco memorable y tiene un tono tan equivocadamente volátil que pareciera estar hecha para ser olvidada incluso antes de que terminen de pasar los créditos.

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