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Reseña de Brothers: A Tale of Two Sons

Hay videojuegos que nos llenan de adrenalina, otros que nos sorprenden con intrincadas e interesantes tramas, y otros que, con historias aparentemente sencillas, logran tocar algo muy profundo dentro de nuestro interior. Brothers: A Tale of Two Sons, entra en la última categoría. A lo largo de esta melancólica y hermosa aventura, dos hermanos parten en un viaje en busca de una rara medicina para poder salvar a su padre enfermo, viaje que los lleva a conocer un poco más de sí mismos y a afrontar sus miedos y dudas.

Aunque la historia es relativamente simple, el viaje está lleno de momentos notorios que llevan a reflexionar sobre temas profundos, como el amor entre hermanos, el dolor ante la muerte de seres queridos y el absurdo sufrimiento que causan las guerras. La trama principal también asciende poco a poco a niveles emocionales bastante fuertes. No me parece nada raro ecsuchar de gente que lloró con el clímax de la historia. El epílogo, en particular, se sintió como una gran avalancha de sentimientos en que el dolor luchaba por sobreponerse hasta lentamente ser contenido. Fue simplemente hermoso, algo para recordar.

Pero toda buena historia necesita de un lado visual que permita reforzar las evocaciones. Por suerte este es el punto más fuerte de Brothers. Durante el viaje, los hermanos recorren montañas, fábricas, castillos, campos de batalla y lagos congelados. Cada uno de los siete capítulos del videojuego tiene su propio estilo visual, todos muy bien hechos (aunque en lo personal hallé el segundo como el más olvidable). Los ambientes parecen sacados de un antiguo cuento de hadas, con gigantes, trolls, lobos y demás. Todos estos puntos ayudaron a crear una experiencia que se sintió auténtica y nostálgica a la vez, dando al jugador una sensación de comodidad difícil de emular.

Los controles, no obstante, son bastante fastidiosos. El juego te permite controlar a ambos hermanos al mismo tiempo, el mayor con el joystick izquierdo y el menor con el derecho. Aunque a simple vista podría parecer algo posible de dominar con el tiempo, a lo largo de todo el juego tuve problemas para manejarlos. Cuando ambos caminaban el uno junto al otro era bastante fácil, el problema se daba cuando el pequeño terminaba por alguna razón a la izquierda y el grande a la derecha, entonces terminaba confundiendo los comandos y uno de ellos terminaba casi siempre chocando contra alguna pared. No es que fuera tan grave, a penas bastaba un par de segundos para volver a organizarlos; pero aún así me sacaba de la experiencia del videojuego con frecuencia.

A pesar de esto, los puzzles no son nada difíciles. Algunos desafíos sólo los puede hacer el hermano mayor, otros sólo el pequeño. Es bastante intuitivo. Creo que sólo hubieron dos instancias en todo el juego en que morí más de una vez. La sencillez, sin embargo, no volvió la experiencia ni un poco aburrida, por el contrario, me permitió apreciar de manera mucho más sostenida lo poético del viaje. Me agradó en especial la sección en que ambos hermanos iban amarrados con una soga, en el castillo del gigante, fue de lo más entretenida.

El juego no dura más que unas cuantas horas, pero no por eso se siente corto o incompleto. Dura lo que tiene que durar para contar su historia de manera completamente satisfactoria. El tiempo que se puede dedicar al mismo, no obstante, no es tan corto como su duración, pues esta es una experiencia que se puede repetir una y otra vez sin que pierda su belleza o emoción.

Veredicto: Brothers: A Tale of Two Sons es un pequeño canto poético convertido en videojuego. Su historia y su imaginativo estilo gráfico sumergen al jugador en un estado nostálgico y apacible que lo hacen una experiencia de lo más única, sin importar la confusión que los controles puedan provocar de vez en cuando.

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