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Reseña de The Hunger Games: Mockingjay – Parte 1

Desde el momento en que me enteré que la tercera parte de la trilogía de The Hunger Games sería dividida en dos partes (lo que técnicamente hace que deje de ser una triología), temí que no fuera más que una estrategia de Lionsgate para ganar más dinero. Una vez vista la película, puedo ver algo apenado que en gran medida tenía razón. Basándome en lo visto en la primera parte, no logro encontrar necesidad alguna para la división. Esto no quiere decir, no obstante, que la película sea mala; sólo que pudo haber sido mucho mejor si no se hubiera decidido partirla en dos.

Para empezar analicemos un poco más la división. The Hunger Games no es desde luego la primera franquicia que decide hacerlo: tenemos los casos de Harry Potter, Twilight y pronto lo hará también The Avengers. Me gusta mucho el ejemplo de Harry Potter porque, en mi opinión, la primera parte de Deathly Hollows ejemplarizó de muy buena forma la manera correcta de hacer una división en una historia. Es verdad que muchas escenas daban la impresión de ser poco trascendentes para la trama o incluso aburridas, pero a medida que tenían lugar, en casi todas sentí que existía un propósito; ya fuera simplemente dejarnos ver la desesperación que envolvía a los protagonistas o entender los efectos de los eventos de la trama en el mundo a su alrededor.

Mockingjay – Parte 1, en cambio, tuvo muchas escenas que parecían llevar tatuada la palabra “Relleno” sobre ellas, en especial al principio y un poco en la parte intermedia. Si se hubieran eliminado estas secciones la película bien podría haber durado unos 40 minutos menos, con lo que habría sido posible unirla con la segunda parte (suponiendo, desde luego, que la segunda parte tiene aproximadamente la misma duración “buena” que ésta). Aparte de eso, unirlas habría evitado presentar a los espectadores uno de los finales más abruptos que he visto en un filme desde hace mucho. No creo exagerar al decir que pareciera que la escena final fue elegida prácticamente al azar. Aunque la misma incluyó un pequeño discursito, no hubo momento emocional ni sensación de resolución que permitiera al público estar preparado para el instante en que empezaron a rodar los créditos. La escena con Peeta al final fue algo perturbadora, es verdad, aunque eso tampoco permite cerrar una película de forma coherente.

Tomando en cuenta los problemas causados por la división de la historia, hay que elogiar que el director Francis Lawrence haya logrado aún así armar una película con una trama satisfactoriamente intrigante y con varias interesantes reflexiones.

Desde el momento en que Katniss acepta convertirse en el sinsajo, la trama comienza a tomar viada. Verla motivar a todos con sus palabras se sintió realmente genuino ante los recrudecidos abusos del Capitolio. Ambos factores poco a poco llevaron a los habitantes de los distritos a inclinar la balanza hacia la rebelión en vez de hacia la pasividad causada por el miedo que buscaba el presidente Snow. La escena en que los trabajadores se suben a los árboles y matan a los soldados se sintió como la culminación de este proceso. Sin importar cuánto repitiera Peeta que las cosas podían detenerse, ya no existía marcha atrás. Fue un efecto muy bien logrado, y la película lo transmitía sin dejar de lado el resto de temas, como su sátira hacia el propagandismo.

Cada filme de The Hunger Games ha traído consigo una crítica sobre varios aspectos del ámbito televisivo y sobre cómo reaccionamos respecto a los mismos. Esta vez vimos de primera mano el proceso de creación de propaganda política y la forma fríamente pragmática en que es construida para llevarnos a adoptar ciertas ideas o predisposiciones a actuar. A pesar de ser bastante obvia la intención, el tema no llegó a ser fastidioso, sino más bien digno de reflexión. Ambos lados del espectro se veían reducidos a las mismas prácticas, como si para la manipulación no existiera división ideológica.

Por otro lado, también es necesario de elogiar el empoderamiento de personajes femeninos en el filme, más al tomar en cuenta que Katniss es aún hoy en día una de las pocas mujeres en protagonizar películas de acción o ciencia ficción. Esta vez, no obstante, Lawrence no fue la única mujer en tomar un papel principal, pues se le unió la presidenta Alma Coin (interpretada de forma magistral por Julianne Moore), quien dio una imagen de una seriedad y fuerza tan implacable, que por sí sola representaba a la perfección todo el poder de los rebeldes y su fuerza de decisión para acabar las injusticias del presidente Snow.

Hablando de Julianne Moore, es hora de discutir un poco las actuaciones. Por el lado de ella, me alegra admitir que no tengo más que halagos. Cada una de sus escenas parecía elevarse por encima del mediocre nivel que hoy en día se espera de un blockbuster; sus palabras, sus gesticulaciones y hasta su sola mirada eran suficientes para transportar al espectador de lleno al interior del personaje. Lo mismo ocurría con Philip Seymour Hoffman, quien interpretó a Plutarch Heavensbee, y cuya participación en Mockingjay marca su última actuación antes de su trágica muerte.

Jennifer Lawrence brilla como es costumbre para ella. En un par de sitios leí que la Katniss de las películas es mucho más intensa que la Katniss de los libros, y aunque no me he leído personalmente los libros, luego de ver la actuación de Lawrence no me cuesta tanto creerlo. La joven consentida de Hollywood logró que su interpretación transmitiera con madurez las emociones del personaje aún en los momentos en que el diálogo no lo lograba a cabalidad. Sus mejores momentos se dieron en las escenas que le hablaba a la cámara, las mismas que venían de por sí anegadas de una mayor carga emocional.

Una adición apreciada en el elenco fue la de Natalie Dormer, quien interpreta a Cressida, una especie de directora de cine encargada de grabar las escenas propagandistas en que aparece Katniss. Aunque no tuvo tiempo de brillar con luz propia, su personaje fue bastante interesante y profesional.

Al otro lado del espectro tenemos en cambio la actuación de Liam Hemswroth, quien aunque no actuó mal, no logró generar empatía por su personaje. Las escenas con Gale casi siempre daban la impresión de ser las más innecesarias. Su aire de muchacho resentido nunca logró conmoverme en lo absoluto. Cuando le anunciaron a Katniss que un equipo había sido enviado para intentar salvar a Peeta, instantáneamente supe que entre ellos iría Gale… Como si la historia buscara más formas de darnos a entender que Katniss debería sentirse mal consigo misma al dejarlo a un lado. Por cierto, ese rescate fue totalmente anticlimático; pero en fin, menos mal que Peeta supo transmitir mucha más emoción en unos minutos que Gale en toda la película.

Y ahora nos tocará esperar un año más para ver el final de la historia. Tal vez deberíamos aceptar que nos cobren dos boletos en una sola ida al cine y dejarnos de tonterías, así al menos los estudios cinematográficos no tendrían que mentir diciendo que las historias de las películas más taquilleras son muy grandes como para adaptarlas en un solo filme. En lo personal tengo confianza que la segunda parte de Mockingjay será mejor que ésta, espero no equivocarme.

Veredicto: Mockingjay – parte 1 trae una interesante trama energizada por actores de primer nivel, sin embargo, la división innecesaria de la historia y las numerosas escenas de relleno la dejan por debajo de las entregas anteriores.

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