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Reseña: Interstellar

Interstellar, la última película del conocido director Christopher Nolan, es un filme de proporciones épicas que intenta trascender inteligentemente en una época en que las películas más esperadas suelen ser de franquicias de superhéroes o adaptaciones de libros escritos para adolescentes. La intención de marcar un hito es clara en cada sección de la historia y en varias de ellas ciertamente logra su cometido. Este filme es claramente uno de los espectáculos cinematográficos más amenos del año.

Pero eso no quiere decir que Interstellar haya alcanzado la meta que Nolan le había trazado, pues la trama tiene varios puntos melodramáticos y absurdos que simplemente no le permiten llegar más allá de ser tan sólo una excelente pieza de entretenimiento. Y no hay que tomar a mal la palabra “sólo” en este contexto. Interstellar es una gran película, y que a nadie le quepa duda de eso. A lo que me refiero es a que no pasará a la historia, y es duro aceptar esto tomando en cuenta el gran alcance y empeño que se nota en cada escena del filme.

Para evitar los spoilers a quienes aún no han visto la película, repasaré primero los aspectos formales y técnicos del filme (todos positivos) antes de meterme de lleno a la trama y a los problemas que hallé en ella.

El punto más memorable de la película es la parte visual. Desde las escenas a través de los campos de trigo, hasta los efectos especiales en el espacio y el detalle de cada planeta visitado, cada instante parecía traernos algo nuevo para admirar. Las evocaciones a otras películas también quedaron bien marcadas en mi mente, empezando por el ambiente à la Signs del primer acto y el aire de 2001: A Space Odyssey que cubrió extensamente el resto del filme. Las semejanzas fueron tan claras, que creo no equivocarme al pensar que la película podría ser incluso considerada como un hommage. Esto no le quita ni un gramo de epicidad (¿neologismo?), empero, las herramientas tecnológicas actuales realmente pueden traer belleza a casi cualquier concepción estética. Aún recuerdo la majestuosa imagen del agujero negro, y estoy seguro que quedará grabada en mi memoria por mucho tiempo en el futuro.

Otro punto fuerte fue ejemplarizado por las actuaciones. Matthew McConaughey fue impecable, como era de esperarse. Muchas de las escenas sentimentales de la película se acercaron peligrosamente al punto melodramático, pero la actuación de McConaughey logró salvarlas en cada ocasión, transmitiendo de manera verosímil las emociones de un hombre atrapado entre su deber para con su familia y su deber como ser humano. Michael Caine, por su parte, me dejó sinceramente perplejo. Cada una de sus escenas fueron perfectamente actuadas de la manera que sólo él lo habría podido hacer. Considero incluso el casting de Caine como más acertado que el de McConaughey, pues aunque imagino a varios actores pudiendo representar satisfactoriamente a Cooper, Caine parecía nacido para el papel del profesor Brand. La actuación de Anne Hathaway en cambio no se elevó más allá de satisfactoria, aunque su personaje no tuvo muchos momentos para brillar después de todo.

La banda sonora también fue muy buena. Tampoco diré que fue grandiosa o que captó mi atención más allá de lo normal, pero eso no significa que no cumplió su trabajo de manera cabal. Fue épica cuando debió serlo y sentimental cuando la situación lo ameritaba, y en ambos casos ayudó bastante a acrecentar el efecto buscado por el director.

Ahora empiezo con los spoilers, así que están advertidos. Si gustan pueden saltarse al último párrafo para unas cuantas acotaciones finales y luego a la conclusión.

 

 

La historia se desarrolla en un futuro cercano en que la Tierra está lentamente muriendo por nuestra causa y donde cada vez hay más escasez de comida. Cooper, un piloto retirado de la NASA que vive en una granja junto con sus dos hijos y su suegro, sueña con ver más allá de las estrellas y hallarle un sentido a su existencia. Pronto su vida se ve trastocada cuando, gracias a extraños sucesos ocurridos en el cuarto de su hija, es elegido para participar en un viaje intergaláctico que podría representar la última esperanza de la humanidad.

En este momento aparece el primer “salto de fe” que quiere que hagamos la película. En una de las decisiones más ridículamente convenientes vistas en una película de un gran director, el profesor Brand decide enviar a Cooper en la misión porque “encontró un lugar que supuestamente nadie más había encontrado”. Esto trae enormes problemas lógicos que simplemente son muy grandes para dejarlos pasar, entre ellos: ¿cómo podían asegurar que el sitio no podía ser encontrado si Cooper llegó a él en un par de horas en su vieja camioneta y no halló ninguna clase de defensa u obstáculo que demostrara que fuera ciertamente difícil de hallar?

Y lamentablemente las conveniencias son muchas más, como por ejemplo: qué tantas probabilidades hay de que Cooper conociera previamente al jefe de la misión, o que su casa quedara tan cerca de la base secreta de la NASA, o que el profesor Brand fuera tan tonto como para enviar sin preparación previa en una misión tan crítica a un piloto retirado hace años.

Del segundo acto también tengo algunas quejas respecto a ciertos puntos de la trama, aunque otros me dejaron gratamente sorprendido. Varios de los plot twists fueron realmente buenos, como cuando descubren que Miller acaba de morir unas cuantas horas antes de que llegaran y que su primera señal había sido retransmitida constantemente; otros en cambio fueron predecibles, particularmente la identidad del “fantasma” en el cuarto de Murph.

La revelación de que el planeta que habitaba el doctor Mann no podía sustentar vida fue uno de los momentos más brillantes de la trama, obligándonos por un instante a pensar en la tragedia de la soledad humana y meditar cómo ésta puede llegar a destruir todo aquello que creemos y defendemos. Los eventos subsecuentes, sin embargo, descendieron rápidamente hasta llegar de nuevo a niveles ridículos. Mann supuestamente intenta asesinar a Cooper porque éste decide regresar a la Tierra al creer que el planeta podía salvar a la humanidad, pero Mann tan sólo tenía que confesar la verdad para que todos entendieran que regresar a casa no era una opción. Sin importar cuánto se hubiera quejado Cooper, nadie le hubiera permitido condenar a la raza humana a la extinción tan sólo por el capricho de morir junto a su familia. Además el hecho de que algo le pasaría a Cooper fue muy predescible, ni bien nos recordó que “a penas acabe con esto me voy a casa” ya podíamos escuchar la sirena de alerta anunciando que algo saldría mal.

Los dos últimos puntos negativos de la trama (o al menos los dos últimos que haré notar) fueron el extraño discurso sobre el amor que dio Amelia y el viaje de Cooper al final de la película. En el primer caso todo fue de lo más bizarro, parecía que Nolan intentaba forzar un discurso “bonito” dirigido a los miembros más sentimentales de la audiencia. El principal problema es que esto debilitó el personaje de Amelia de una forma desastrosa, pasando de la imagen de una científica seria y centrada, a una mujer cursy e inestable. El viaje final de Cooper resultó tonto porque resultaría del todo absurdo suponer que nadie nunca intentó rescatar a Amelia hasta que despertara Cooper. No quiero decir más, simplemente no hay forma de explicar eso de forma satisfactoria excepto como forma de presentar un “mejor” final.

Pero incluso tomando en cuenta la presencia de estas pequeñas conveniencias y puntos absurdos cuyo único objetivo es hacer avanzar los eventos, la trama sigue siendo remarcablemente buena. La historia nos mantiene al borde de los asientos y nunca pierde el buen paso. A pesar de sus casi tres horas de duración, Interstellar jamás aburre ni hace perder el interés, esto gracias a haber sido construida con todas las técnicas y recetas exitosas para un blockbuster, sólo que con un enfoque mucho más universal, podríamos decir. El trato dado a los temas científicos fue otro plus, despertando la curiosidad de los espectadores sin volverse demasiado críptico o indescifrable.

Veredicto: Interstellar nos trae todas las innovaciones cinematográficas de nuestra época junto con el toque único de Christopher Nolan. Varios puntos débiles de la trama le impiden convertirse en clásico de la ciencia ficción, aunque su puesto como una de las películas más entretenidas y memorables del año está asegurado.

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